Las redes sociales en la actualidad, se han convertido en una parte inherente a nosotros. Sencillamente forma parte de nuestra vida diaria. Atrás quedaron los tiempos en los que teníamos que mandar una carta, esperar una semana o más para que nuestro destinatario la recibiera, y de ahí esperar otra vez para recibir la contestación. Ya no tenemos que esperar a que nuestros parientes regresen de viaje para saber en dónde estuvieron, o que lugares visitaron. Y ahora es perfectamente normal seguir la vida de nuestro compañero de primaria, o de secundaria, o seguir en contacto con compañeros de trabajo que no hemos visto en 5 años. Es nuestra nueva realidad.
Mi hija de 9 años tiene amigas en varias partes del mundo, amigas que tienen su misma edad con las cuáles se escribe de manera constante, tanto en inglés, como en español, y los conoce porque yo me hice amiga de sus madres, hace 10 años, cuando estaba embarazada, y todas formábamos parte de una comunidad de "moms to be", en la página de babycenter.com, que posteriormente trasladamos a Facebook. Estamos enteradas de la vida de cada una, hemos celebrado los nacimientos de los nuevos miembros de la familia, hemos llorado juntas las muertes de nuestros seres querido, conozco los nombres de sus hijos, de sus maridos, al igual que ellas conocen lo que ha pasado en mi vida estos años. Hemos visto como se ha desarrollado nuestra vida a lo largo de 10 años. Sabemos todo lo que una amiga debe saber una de la otra, y sin embargo, nunca nos hemos visto. Jamás han venido a México a verme, y yo nunca he viajado a Canada, ni a Estados Unidos, ni a Reino Unido, mucho menos a Bosnia y Hezegovina, o a Tokio, por mencionar algunos de los países de origen de mis amigas en Facebook. Y mi hija conoce a esas niñas, sabe quienes son, y sabe dónde viven, las considera sus amigas, a pesar de que ella tampoco las ha visto nunca en persona.
Ese es el alcance de las redes sociales. He visitado miles de lugares que de otra manera no hubiera podido visitar. He sido parte de tradiciones que nunca creí posible conocer. He sido parte integral de la vida de ellas cuando han necesitado un hombro en el cual llorar, a pesar no estar presente físicamente. Me he emocionado con las fotos del inicio de ciclo escolar de niños que no viven en mi entorno, y la vida de mis hijas es conocida por personas que viven literalmente en el otro lado del planeta.
De niña siempre imagine que iba a pasar la vida viajando, conociendo el mundo. El destino me llevo por otros senderos, sin embargo, tengo la oportunidad de hablar con personas en todo el mundo, de conocer y admirar las diferentes culturas y tradiciones que existen, y a pesar de que no es comparable con el viajar, quiero pensar que es un excelente comienzo.

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