martes, 15 de octubre de 2019

Las Redes Sociales 2019

En mi casa eramos 7 hermanos, había un sólo teléfono fijo en la casa, y una sola televisión colocada estrategicamente en la sala, para que todos pudiéramos sentarnos a comer alrededor de la tele, mi papá tenía otra en su habitación, pero esa nadie la podía tocar. Jugábamos con muñecas de trapo, soldaditos de plástico, nos sabíamos montones de juegos con la pelota, y el único momento de la semana en la que pensábamos en algo tecnológico, aunque no supiéramos el significado de esa palabra, era cuando mi mamá nos dejaba jugar con el Nintendo de la casa (que no era individual, era para todos), y pasamos un buen rato peleando para ver quien jugaba primero.

A veces pienso que mi generación es de las más afortunadas de las últimas décadas, vivimos una infancia completamente diferente a las de ahora, tuvimos la oportunidad de conocer dos mundos radicalmente diferentes y también tuvimos la oportunidad de maravillarnos con cada uno de los avances tecnológicos que se iban dando a conocer con más rapidez de la que nosotros eramos capaces de entender o de procesar.

Mis hijas, de 10 y 9 años ahora, se maravillan, pero por todos los juegos que yo les enseño y que no sabían que existían ("¿en serio ese juego existía cuando eras chica, mamá?"), me dice, como si en su cabeza yo tuviera 300 años más, y no hubiera sido una infante apenas un cuarto de siglo antes que ella. Todos los avances tecnológicos, ellas ya los conocen, no se maravillan con un smartphone que contenta toda la información del universo, ni con una tablet que les ayuda a comunicarse de manera inmediata con su papá, que vive en la Ciudad de México, mientras que ellas radican en la ciudad de Guadalajara, conmigo; se molestan si hace un Facebook live cuando esta con su papá y yo no alcanzó a conectarme para verlas, y la tecnología 3D y 4D no les hacen perder el sueño. Ellas están inmersas totalmente en un mundo tecnológico que fue totalmente ajeno para mi, y ni siquiera se dan cuenta, es parte de su realidad. Yo, sin embargo, aprendí sobre la marcha de smartphones y tabletas, de youtube y de facebook, y de instagram y de twitter.

Yo, por mi parte, no me quedé atrás, abrí una cuenta de twitter hace unos años y acumule cerca de 5000 seguidores en unas semanas, no mencionaré el tópico de mis tweets, pero digamos que Paquita la del Barrio no tenía el lenguaje florido que yo manejaba en esa cuenta; fui maestra en varios foros de manualidades; y actualmente mi facebook esta lleno de gente de Estados Unidos, Argentina, Canadá, España, Reino Unido, y varios países más que no recuerdo ni siquiera como se escriben; hablo constantemente con mi hermano y mi hermana que se encuentran en Estados Unidos y me entero de todo lo que pasa alrededor del mundo con solo abrir una aplicación. Ese es el alcancé real de las redes sociales, la falta de privacidad y el exceso de rapidez en la información.

Mis hijas no crecieron en el mundo en el que yo crecí, y sin embargo, me gusta pensar que su infancia es más privilegiada con la mía, pues en su mundo no existen los imposibles, no hay distancias, ni barreras, no hay muros ni fronteras, el mundo es suyo, en su totalidad, y si son capaces de aprovecharlo, cruzaran rios, moverán montañas y conocerán nuevas tierras, y probablemente mucho de eso lo hagan antes de siquiera, moverse del sillón.


Alumna: Perla Alejandra Correa Juárez
19 de octubre de 2019

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